Con el pitido final del árbitro en el partido ante el Rayo Vallecano llegó el momento, quizás más triste de ese día para mí.
Llegó el final del partido, llegó el final de la temporada, una gran temporada, y llegó el final de mi trayectoria como entrenador con este grupo de chavales a los cuales no podré olvidar nunca.
Ellos me han hecho mejor entrenador, pero sobretodo mejor persona. He pasado un año junto a ellos inolvidable, era un reto, algo nuevo, una nueva experiencia el estar en Preferente y disfrutar de un año en el que sabíamos que teníamos que cumplir el objetivo de la permanencia.
Un año marcado por grandes partidos, remontadas épicas, lucha, entrega, deportividad y sobretodo compañerismo.
Entrar al vestuario del equipo Alevín lunes y miércoles y sábado a sábado y ver las caras de todos, y el buen ambiente que reinaba en el vestuario, era lo más importante para mí y para Edu, al cual tengo que agradecerle más que todo.
Yo antes en el banquillo era un poco "loco", un poco "crío", mi edad me delataba, mi nerviosismo, y sin embargo con él en el banquillo ha sabido transmitirme esa serenidad, esa tranquilidad, ese saber estar, y sobretodo el apoyo que he necesitado en todo momento, en esos momentos de bajón, esos momentos en los que por mucho que se trabaja, los resultados no acompañan, y ahí estaba él, Edu, con su sonrisa y sus palabras de ánimo de siempre. MIL GRACIAS ¡¡¡
Para mí no has sido mi delegado ni un compañero, has sido un amigo y que aquí estaré para lo que necesites. Me llevo un gran amigo para siempre.
Respecto a los chavales, pues, dos grupos diferentes los que se juntaron en Septiembre en el primer entrenamiento.
A unos los conocía como a la palma de mi mano, ellos fueron quienes hicieron historia quedando campeones con el Alevín con números de récord, los mismo que consiguieron este ascenso a Preferente.
¿Los otros? No había tenido el placer de entrenarlos, pero si de verlos viernes a viernes desde que eran pequeños, cuando quedaron campeones en Prebenjamines (ya ha llovido desde entonces, y aún me acuerdo de ellos jugando en esos diminutos campos), o sábado a sábado con Gabri en el banquillo. Y aunque no los había entrenado, si los conocía, en el Villa todos nos conocemos y yo tenía ganas de coger a ese grupo de nenes.
Tanto unos como otros han conseguido lo dicho antes, que a día de hoy, sea mejor entrenador, pero sobretodo mejor persona.
El sábado llegó el momento que yo no quería ni imaginarme, el momento de ponerme frente a ellos, y decirles que nuestros caminos se separan, que a partir del siguiente entrenamiento ya no sería yo quién les entrenara.
No pude mantener ni un solo minuto la mirada a los ojos de ninguno de ellos, pues desde el día que supe que dejaba la Escuela, este momento sabía que iba a suponer lágrimas, han sido varias tardes de reflexión, sólo o acompañado en el coche, imaginando este momento y derramando lágrimas por como despedirme de ellos, y la mejor manera de despedirme de ellos, es con una sonrisa en la cara, con palabras de agradecimiento, ánimo y lucha, mucha lucha y diversión la que les queda por delante. Son muy pequeños y aún les queda mucho en el mundo del fútbol.
Aún así es inevitable emocionarse en las despedidas...
Todavía nos queda un partido juntos, el día de la clausura de la temporada, ahí estaré con ellos y disfrutando del momento, y simplemente decir, que esto no es un ADIOS, ni un HASTA SIEMPRE, será un HASTA LUEGO, porque yo no voy a dejar de bajar a verlos jugar o entrenar, y porque espero que en un futuro nos podamos volver a encontrar por el camino.
Y a los padres, simplemente GRACIAS por todo, gracias por estar ahí siempre y gracias por colaborar en todo. Ha sido un placer.
Ricky
Ricky, amigo mio.
ResponderEliminar"Nadie se va hasta que mueren los que te llevan en el corazón"